Alegre en Polonia: diez años de historia y mucho futuro
En 2016 abría sus puertas una nueva nave industrial en la ciudad polaca de Wroclaw: la de Industrias Alegre. En pocos meses, ese espacio iba a entrar en producción, pero en ese momento era poco más que una promesa ligada a los planes de Ford. Había que poner en marcha aquella fábrica, había que conformar un equipo y había que demostrar que la compañía también era capaz de producir bien allí y desde el primer turno. Un camino intenso y exitoso.
Cuando se cumple diez años de aquella apertura, la planta de Industrias Alegre en Polonia ha cambiado de perfil, de clientes y de capacidad. Pero no ha cambiado la lógica que la fundó: ir un paso por delante de lo que el cliente necesita, industrializar la innovación más reciente y responder cuando las circunstancias se tuercen. Por eso, celebrar el décimo aniversario de Wroclaw está muy lejos de ser un ejercicio de nostalgia: se trata de comprobar el camino recorrido y tomar impulso para afrontar el futuro. Que promete mucho.
Una cultura compartida a 2.400 kilómetros de distancia
La planta arrancó ligada a los programas de Ford. Para Alegre, internacionalizar su producción significaba acercarse a Europa Central, donde fabrican muchos de los grandes OEM del continente.
Las instalaciones comenzaron a funcionar con piezas de interior para el Ford Fiesta. Al año siguiente llegaron los encargos para el Focus. El equipo era aún reducido, la actividad estaba muy concentrada y la conexión con el único cliente era estrecha. Y como de costumbre, el margen de error exigido era cero y se conseguía.
De modo que en 2019 aquella fábrica, aunque pequeña, se podía considerar un éxito porque había asumido con rapidez y naturalidad la cultura de Industrias Alegre: rigor, proximidad y compromiso con el proceso. El equipo humano, de orígenes muy diversos (Polonia, Ucrania, Filipinas) se había cohesionado con rapidez y demostraba que una empresa española podía operar con garantías a 2.400 kilómetros de su sede central.
Por eso, cuando se le pregunta a Krzysztof Jarzyna, director general de la filial, por el logro más importante de estos años responde con rapidez: “Las personas. Se ha creado un espíritu de equipo totalmente orientado a objetivos. Puedes sentirlo cada día que vienes a la planta”.
Diversificación de clientes y de sectores
A partir de 2020, sin embargo, el panorama cambió. Primero llegó la pandemia y luego la crisis de los semiconductores. El sector del automóvil se detuvo en toda Europa y la planta de Wroclaw perdió prácticamente toda su carga de trabajo de un día para otro. Pero, en lugar de esperar, el equipo buscó pedidos fuera de la automoción y los encontró en el sector del electrodoméstico. Comenzó entonces a fabricar componentes para lavadoras LG con todo lo que ello significaba: materiales distintos, lógicas de producción diferentes y exigencias y estándares completamente ajenos a lo habitual.
Pero la planta aguantó. El equipo respondió. Y esa experiencia dejó un grupo de trabajo más curtido, más sabio y con la conciencia de ser capaces de ofrecer una flexibilidad de enorme valor.
A partir de aquella experiencia, la planta intensificó su proceso de diversificación de clientes y sectores. Un proceso que ha cambiado su perfil. Tan solo en automoción, ha pasado de trabajar casi en exclusiva para Ford a dar servicio a Volkswagen, Audi, Skoda y Stellantis. También a algunos Tier1 como AD Plastik, Ufi Filters y Yanfeng. De un único cliente a ocho; de servir a 2 plantas a suministrar a 33; de 18 máquinas de inyección activas a 42. Y manteniendo en todo momento el control del proceso. Y sin abandonar ya nunca la línea blanca.
La complejidad técnica ha crecido al mismo ritmo. Wroclaw tiene hoy capacidades que van mucho más allá de la inyección convencional: inyección de gas para componentes estructurales de interior, procesos de doble componente para filtros HEPA, sobreinyección sobre aluminio y, en el terreno más avanzado, inyección sobre tejido, una capacidad diferencial que ha permitido acceder a nuevos programas para fabricantes europeos y posicionar la planta en proyectos técnicamente muy exigentes.
Gracias a todo ello, la planta polaca fabrica hoy componentes que combinan exigencia estética, precisión y alta automatización.
Lo que hay detrás de los números
Pararse a contemplar el camino recorrido es inspirador. Aunque lo más importante es que invita a seguir avanzando. Porque la planta aún tiene margen para crecer. Y porque hay un equipo dispuesto a hacerlo.
Worclaw afronta el futuro mirando hacia dos espacios.
Primero quiere llegar a fabricantes de automoción que todavía no conocen sus capacidades. Y, en ese sentido, el vehículo eléctrico es el terreno donde su presencia tendría más sentido pues requiere menos componentes, pero de mayor valor añadido, con exigencias más estrictas. La planta está preparada para ese terreno.
Luego quiere demostrar también que las capacidades acumuladas en una década no están atadas a un solo sector. La línea blanca ya ha dejado de ser una hipótesis. La clave es saber qué verticales más apuestan por la excelencia.
En cualquier caso, la vertiente polaca de Industrias Alegre cuenta con el argumento más sólido que existe: una década de producción real.